Cuando enero promete “ahora sí” y el corazón se desordena
Enero llega con ese olor a comienzo nuevo. Como si el calendario te diera permiso para creer que ahora sí: ahora sí el cambio, ahora sí la estabilidad, ahora sí la disciplina, ahora sí la mejor versión. Y en medio de esa emoción, también se cuelan deseos muy humanos: el celular que falta, la casa mejor, el carro más nuevo, el viaje soñado… y, claro, “ser mejor persona”.
Planear no es el problema. La pregunta es más profunda: ¿qué pones en el centro cuando planeas? Porque muchas resoluciones nacen del miedo (“¿y si no alcanzo?”), de la comparación (“mira cómo a él sí le va bien” o “a ella sí le sale todo”), o de esa sed de control que promete calma, pero te deja con la garganta apretada. Sin darte cuenta, puedes ordenar tu agenda… y desordenar tu alma.
Jesús no te ofrece solo hábitos. Te ofrece un orden. Uno que no aplasta, sino que libera. Y lo resume con una frase que reacomoda todo:
“Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas” (Mateo 6:33).
Si el Reino va primero, tus metas cambian de dueño. Ya no se trata de construir tu vida alrededor de tus deseos, sino de rendir tus deseos al Rey.
Algunas áreas que Jesús corrige en el Sermón del Monte
En el Sermón del Monte (Mateo 5–7), Jesús no se conforma con tratar lo externo; va directo a lo que gobierna por dentro. En Mateo 6 toca tres áreas torcidos que suelen dirigir nuestras “resoluciones”, especialmente cuando empieza el año.
A veces es la imagen: haces cosas para ser visto, para sentirte “más”, para ganar aprobación. Otras veces es el tesoro: tu seguridad se pega a lo material, como si lo que tienes pudiera garantizar lo que anhelas. Y muchas veces es el control: la ansiedad toma el volante, y el futuro deja de ser un lugar donde Dios está, para volverse una amenaza constante.
Por eso, en vez de correr a los propósitos típicos, aquí van cinco resoluciones del Reino. No para ganarte el amor de Dios (ya lo tienes en Cristo). No para impresionar a nadie. Sino para devolver a Jesús el lugar que le pertenece.
01 Oración: el primer recurso, no tu botón de emergencia.
La oración no es un botón rojo para cuando todo se complica. Es comunión con el Padre. Jesús enseña a no usar palabras vacías, como si Dios necesitara ser convencido (Mateo 6:5–8). Orar es volver al centro: no intentas controlar a Dios; aprendes a rendirte a Él.
Si te cuesta empezar, no te castigues con metas gigantes. Esta semana, prueba algo sencillo: cinco minutos al día con la Biblia abierta. Toma un salmo (el 23 o el 121 funcionan muy bien) y conviértelo en oración con tus propias palabras. A veces, lo más espiritual que puedes hacer es hablarle a Dios sin maquillaje.
“Padre, enséñame a hablar contigo con verdad y a escucharte con humildad”.
02 Pedir perdón y perdonar desde el evangelio
Perdonar no es decir “no dolió”. Tampoco es negar que hubo injusticia. Perdonar es recordar el evangelio: Dios te perdonó en Cristo cuando tú no lo merecías (Efesios 4:32). Si Cristo cargó tu deuda, entonces puedes llevar también a la cruz la deuda que otros tienen contigo.
Aquí hace falta sabiduría: hay ofensas que requieren proceso, límites claros y tiempo; perdonar no siempre significa reconciliarse de inmediato, especialmente si hay abuso o peligro. Pero el Reino empieza cuando dejas de alimentar el veneno, cuando sueltas el “derecho” de cobrar con resentimiento.
Cuando aparezca el pensamiento “no lo merece”, detente un segundo y di: “Señor, yo tampoco lo merecía”. Puedes escribir el nombre de esa persona —sea tu padre, tu esposa o tu esposo, un hermano, un compañero de trabajo, un líder, un amigo— y orar por él o por ella aunque sea treinta segundos. A veces ese acto pequeño es el primer paso para que tu corazón deje de vivir atado.
“Jesús, llévame a tu cruz cuando mi corazón quiera venganza”.
03 Cambiar el tipo de tesoro que persigues
Jesús no dice que lo material sea malo; dice que es frágil como fundamento. “No acumulen tesoros en la tierra… acumulen tesoros en el cielo” (Mateo 6:19–21). Lo de la tierra se rompe, se pierde y se deteriora. Pero el tesoro en el cielo apunta a lo eterno: obediencia, generosidad, servicio, fidelidad, integridad cuando nadie mira.
Cuando tu tesoro es Cristo, tu vida se ordena de manera muy práctica: cómo gastas, cómo compras, cómo sueñas, cuánto “necesitas” para sentirte seguro. Esta semana, toma una decisión concreta de mayordomía: tal vez apartas una ofrenda intencional, tal vez cancelas una compra impulsiva, tal vez revisas tu presupuesto unos minutos y oras antes de decidir. No es para vivir con culpa, sino para vivir con libertad.
“Señor, que mi seguridad no esté en lo que tengo, sino en ti”.
04 Cuidar lo que miras, porque te está formando
Jesús dice: “La lámpara del cuerpo es el ojo” (Mateo 6:22–23). Lo que entra por tus ojos forma tu mente, y lo que forma tu mente dirige tu corazón. Mucho del contenido que consumes no es neutral: siembran comparación, ansiedad, sensualidad, consumismo, enojo… y luego te preguntas por qué estás seco o seca por dentro.
El Reino no te llama a vivir con miedo, sino con discernimiento. Si Jesús es primero, también decides qué te discipula cada día. Hoy mismo puedes hacer un ajuste simple: deja de seguir cuentas que te empujan a compararte o a desear lo que no necesitas. Reduce un poco tu tiempo en redes y reemplázalo por algo que te edifique mientras manejas, entrenas o haces tareas: un salmo en audio, una prédica breve, un podcast devocional.
“Espíritu Santo, guarda mis ojos y renueva mis deseos”.
05 Vivir el hoy con obediencia, sin ser esclavo del mañana
Jesús no niega que hay cuentas, responsabilidades, hijos, cansancio, papeles, presión. Pero sí confronta la mentira de la ansiedad: “si no me preocupo, todo se cae” (Mateo 6:25–34). La preocupación excesiva es cargar un peso que no te toca. Tener un Padre que provee no significa pasividad; significa que puedes obedecer hoy sin vivir dominado por el mañana.
Cuando la ansiedad te suba al pecho, dale un nombre y entrégasela a Dios con una oración breve. Luego escribe una acción pequeña y sabía que sí puedes hacer hoy. No todo se resuelve hoy, pero hoy sí puedes caminar con el Señor.
“Padre, hoy descanso en tu cuidado. Tú reinas, no mi ansiedad”.
Empieza con una sola, y deja que el Rey ordene lo demás
Quizá por dentro dices: “Suena bonito… pero estoy cansado o cansada”. Entonces no intentes las cinco a la vez. Elige una resolución del Reino para esta semana. Solo una. Empieza pequeño, pero empieza con Jesús en el centro.
Porque cuando el Rey reina, lo demás encuentra su lugar. Y eso vale más que cualquier lista perfecta en enero.
“Señor, hoy busco primero tu Reino. Ordena mi corazón, mis deseos y mi agenda. Amén.”








